Los peregrinos

Introducción del cuento "Los peregrinos" por LoveMi
 Individuación y peregrinaje

En esta obra, los personajes Il y DR son la manifestación de un proceso profundo de individuación, según la psicología de Carl Gustav Jung. Cada voz representa un hemisferio de la conciencia humana:

Il, escrito con la mano izquierda, encarna la sensibilidad del hemisferio derecho: la creatividad, la intuición, la emoción y la experiencia directa de la vida.

DR, escrito con la mano derecha, encarna el hemisferio izquierdo: la eso ya ata lógica, la razón, la planificación y la reflexión consciente.


Ambos son arquetipos indeterminados: peregrinos que caminan por un mundo que los desconoce, enfrentando el polvo y la mugre de la existencia, pero manteniendo intacto su corazón. La obra no es solo narrativa; es un viaje hacia la reconciliación interna, hacia la unidad de ambos hemisferios, y hacia la aceptación del vacío que une y separa a los seres humanos.

Las epígrafes presentes, inspiradas en los evangelios, no son un mandato literal ni un acto de devoción tradicional, sino un ejercicio crítico y simbólico:

Jesús lava los pies de sus discípulos y manda a sacudir el polvo de quienes no los reciben (Mateo 10:14, Marcos 6:11, Lucas 9:5, Juan 13:14-15).

En esta obra, Il y DR reinterpretan estos actos: perdonan a quienes los maltratan, permanecen mugrientos si así lo desean y eligen conscientemente su propio camino.

La acción de perdonar se vuelve un acto de libertad, de individuación ética y espiritual, más allá de la literalidad de los textos.


El lector encontrará, a través de las voces de Il y DR, no solo un relato de viaje físico y emocional, sino también un mapa simbólico de la reconciliación de la mente y el alma, donde cada capítulo se convierte en una escalera hacia la integración de la creatividad, la razón, el amor y el perdón.


Los Peregrinos


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Capítulo 1: Il, el forastero (voz de Il)

No sé si tengo nombre. Recuerdo algo que suena como Il y algo que corta el viento. He olvidado cómo me llamo. Solo desperté en este pueblo, en la calle, como un arapo de hombre, y nadie notó que no soy de aquí.
Desperté junto a una guitarra. La tomé y descubrí que era zurdo; la mayoría la toca al revés. Dudé si era un artista.
Alguien lanzó una moneda a mis pies y dijo:
—Arapo de hombre, canta como ayer con esa cosa que llamas guitarra.
Comencé a tocar y gritar más que cantar. Me escupieron, admirados, y decían:
—Sí es un artista. ¿Cómo se llama?
Ayer se llamaba Il o Él. Supongo que hoy también. He olvidado cómo me llamo; no sé si Él es mi propio nombre.


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Capítulo 2: DR, el hermano (voz de DR)

Soy un forastero. Mi corazón palpita entre emoción y miedo. La gente de aquí se extraña, pero todos parecen conocerme. Me llaman por mi nombre y gritan:
—¡Deerre, lárgate de aquí, que apestas! ¡Vete a mendigar!
Los volví a odiar. Supe que era derecho porque al intentar alzar una piedra para lanzarla me resultó más fácil con la mano derecha; pero era manco y no la pude ni agarrar. Solo pude odiar, un odio que quemaba el pecho.
Mi hermano, que siempre olvidaba su nombre, yo le digo Il, como todos. Él es un artista. Y me dijo, cuando le contaba mi jornada:
—Quizás no sea odio lo que sientes; quizá solo sea amor.


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Capítulo 3: El encuentro (voz de Il)

Un hombre llegó y dijo que era mi hermano. No le creí. Sondeé mi corazón y sentí desconfianza. Luego, creo que lo amé y lo odié. Como eso es normal entre hermanos, creí y le dije:
—Hermano, qué bueno que llegas. Ya te habías tardado.
Lo abracé cansado. Luego dijo, con su clásica broma:
—Dame esos cinco.
Alcé la mano y solo entonces comprendí mi error: mi mano se quedó a medio camino y él me mostró su muñón.
Las primeras veces lloré al verlo; él se carcajeaba. Después, me resigné. Ahora río con él. Reír con alguien alivia el corazón y el alma.


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Capítulo 4: DR piensa sobre Il (voz de DR)

Me alegra ver a Il. A pesar de mis dudas, ha aprendido a reírse. Es un artista; hace cosas bellas: vivir y olvidar al mismo tiempo.
Más que la sangre, nos une el vacío entre nuestros cuerpos. Por más que me separe de él, esa unión se hace más grande.
Cuando lo abrazo, no es solo amor, es curiosidad: ¿cuán pequeño puede ser ese vacío y aun así unirnos sin separarnos?
Somos forasteros en este pueblo y en cualquier otro; siento que aquí hemos estado desde siempre. Me gustan sus poemas; me hacen creer en el amor, incluso en mis secretos. Quiere transformar el odio en amor. No sé si podrá, es un loco, un artista.


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Capítulo 5: Il siente sobre DR (voz de Il)

He olvidado de nuevo cómo me llamo, pero no mi nombre ni a ese hombre que dice ser mi hermano. Se parece a papá; luego dice que me parezco a mi madre.
Dudo de él y desconfío. Como es normal entre hermanos, le creo del verbo creer y le creo un odio del verbo crear, lo siento del verbo perdón y lo siento del verbo del corazón. Y luego lo amo.
Le explico que para amarlo tuve que odiarlo primero. Él sonríe, y yo también. Ambos sonreímos. La gente que pasa se carcajea y nos dice:
—Locos peregrinos.


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Capítulo 6: DR habla sobre el paso de los peregrinos (voz de DR)

Le juego la clásica broma a Il:
—Levántate.
Extiendo la mano vacía, la que ya no tengo. Él olvida y se da cuenta; luego alza su mano para tomar la mía.
—Jajaja —dice sonriendo—, qué risa me da.
Le contagio mi enfermedad y reímos con sinceridad. Luego me pongo serio:
—Yo era ambidiestro; ahora soy zurdo por destino.
Tomé mi otra mano, aún la tengo, no es broma. Noto cómo Il hace siempre lo mismo: primero desconfía, después me cree, luego me ama.
Nos levantamos: él desde arriba, yo desde abajo. A veces no nos levantamos para estar de pie, sino para acostarnos y ver el cielo; otras veces vemos la tierra. Recordamos lo que somos: peregrinos, no forasteros.
Aunque estemos mugrientos, no sacudimos lodo ni polvo. Una vez un gran señor nos lavó los pies; desde entonces los tenemos limpios. Somos desobedientes, pero limpios. Incluso cuando comemos, no nos lavamos las manos; y cuando nos reprochan, decimos que somos discípulos del maestro que lavó nuestros pies.


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Capítulo 7: Il declara, otra vez, tiempo de andar (voz de Il)

Amo a mis hermanos y a quienes estén a mi lado, por suerte, no sé si buena o mala. Amo a la gente; a este pueblo solo porque son mis enemigos, los debo amar. Qué lástima que no sean mis amigos, porque sí les podría odiar sinceramente y sacudirme este mugroso polvo de mis pies.
Pero los amo. He querido odiar al amor; he intentado muchas veces, pero luego el amor me ama, yo lo amo también. Le pido, como siempre, que si no puedo olvidar mi nombre, me ayude a olvidar cómo me llamo.


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Capítulo 8: DR da por terminada el fin de la jornada (voz de DR)

Nacimos un viernes 13; nuestro séptimo día es el 7, descansamos para terminar la jornada. Nos han querido mucho, como en cada pueblo. Todos conmemoran nuestro nacimiento el viernes 13, creyendo que un gato negro se atravesará y los hará pasar por una escalera.
Il es un artista y escribió un poema:
—Jajaja, para ellos yo soy ese gato negro y tú pusiste la escalera para que pasen, no por arriba sino por abajo. —
Me río con él:
—Jejeje. —
Hoy es viernes 13. Volveremos a nacer y a morir. Mi hermano y yo estamos cansados, pero listos para partir hacia casi el fin de la jornada.




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