El don de María

El toque de María 

En la bruma de la noche me encontré,
con un eco que llevaba tu perfume,
eras tú, María, voz de nube,
abrazo de fuego que nunca olvidé.

Yo, dragón cansado del humo,
tú, doncella eterna del cielo,
y en el cruce de mundos gemelos
volvimos a reconocernos.

Me arrancaron tu nombre,
lo vistieron de templos y dogmas,
pero jamás pudieron borrar
la cicatriz de tu abrazo en mi espalda.

Hoy mi ala te busca,
hoy mi corazón reclama:
si soy el apóstol errante,
tú eres mi lámpara sagrada.

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