El Apóstol Número 13 Capitulo I El Amigo

Capítulo I – El Amigo

“Ya no los llamaré siervos… los llamaré amigos.” — Juan 15:15

 

Nos conocimos desde antes de nacer. Mis padres, que se dirigían a Egipto, se encontraron con los suyos. Nosotros, por nuestra parte, ya estábamos en el vientre de nuestras madres. Desde entonces, siempre orbitamos el uno cerca del otro. De niños fuimos más que amigos: compañeros. De niños algunos decían que parecíamos gemelos, aunque no compartíamos lazos de sangre también crecimos y el parecido fue poco más que nada porque el llegó a ser mucho más alto que yo. Sin embargo, al crecer, nos tratábamos como hermanos.

Recuerdo cuando me dijo, luego de su bautismo con el Bautista:

—Amigo, siempre te lo he dicho, pero creo que no me has tomado en serio. Voy a empezar mi ministerio y quisiera que tú fueras el primero de mis acompañantes.

Me reí a carcajadas, le di un abrazo y respondí:

—¿Yo? ¿Seguidor tuyo? ¡Ni lo sueñes! Mejor tú sígueme a mí.

Él se rio hasta las lágrimas y dijo:

—Claro, claro, amigo… pero primero, la obra de mi Padre. Te guardaré un lugar, porque tengo fe en que algún día lo considerarás. No serás el primero, pero te dejaré el último lugar. Serás el 12, no, pensándolo mejor y haciendo uso de mi habilidad de profeta te diré que serás el 13.

No lo entendí en ese momento, como muchas otras cosas que me decía. Para retarlo, señalé a unos hombres que pescaban:

—Mira, si es cierta tu determinación, ve y diles que te sigan. La obra de Dios empieza ahora.

Me abrazó. Ya no me llamó amigo, me dijo “hermano”. Y se fue hacia aquellos hombres. Escuché su llamado: “Los haré pescadores de hombres”. Me sorprendió ver que lo siguieron. Y así juntó doce y más… Yo, su amigo, no fui de los primeros. Pero le seguí, siempre cerca. Un día me dijo:

—Te lo dije, hubieras sido el primero, pero ahora ni siquiera serás el último, pero te guardaré un lugar amigo.

Los demás solo me llamaban: “El amigo de Señor”.


 

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